viernes, 3 de febrero de 2012

Andaluces de Jaén





Tuve que ponerle un vellón a la aguja. Aún después de lavarlo con aguita de jabón y dejarlo secar, eran evidentes las pequeñas cicatrices que casi cuarenta años después, inevitablemente se mostrarían en el vinilo.

Siempre quise contar este cuento.

En el tren de Granada a Sevilla, me puse a escuchar a Paco Ibáñez. Me quedé dormida después de un fin de semana visitando la ciudad de García Lorca, de caminar entre restos del Al-Ándalus, de ver con mis propios ojos a qué se refería Ibn-Arabí cuando hablaba de belleza. De repente, me desperté con  "Andaluces de Jaén" y Miguel Hernández reclamando que los oliveros son de quienes los trabajan. Miré por la ventana y eso vi: oliveros y oliveros y oliveros. Pasaban rápido por mi lado, como si nadaran, pero también quise nadar en ellos, como si fuesen olas verdes. Por primera vez recordé el Atlántico. Luego Paco cantó a Rafael Alberti, quien se lamentó de nunca haber ido a Granada. Me dormí.

Me desperté súbitamente y ya se había acabado la música. Los oliveros se habían convertido en girasoles.

domingo, 22 de enero de 2012

Potpourrí



Nino Bravo era un tipo grande. Tenía un vozarrón, pero igual no cuadraba muy bien con el tipo de cuerpo que tenía. En los vídeos que hay en internet, muchas veces parecería que se sentía incómodo con su cuerpo, o por lo menos con cómo se movía. En algunas de sus actuaciones sonreía y movía las manos, como si alguien le hubiera dicho: "Anda Nino, a moverse." Esto sin embargo, no pasaba cuando cantaba "Libre". Se mantenía en un mismo sitio, cerraba los ojos, echaba la cabeza hacia atrás y simplemente cantaba.

Si esto siempre me había llamado la atención, cuando compré su disco, algo despertó aún más mi curiosidad. En el Lado B, la última canción se titula "Potpourrí" y es pues, un "remix" de sus más grandes éxitos. "Noelia", "Te quiero, te quiero" y "Un beso y una flor" toda en una. Sin efectos especiales, con unos cortes dudosos y unas transiciones bastante bizarras. De esas veces cuando estás escuchando una canción en la radio y de momento el DJ decide cambiarla o ponerse a hablar.

Para colmo, ésta era la única canción en el disco que se puede escuchar decentemente, gracias a los guayasos de algún viejo dueño que no supo cuidarlo bien. Sin embargo, me conformo con mirar la carátula: un Nino recostado de una pared de piedra con sus "bell bottoms". Como si alguien le hubiese dicho: "Anda Nino, a recostarse."

viernes, 20 de enero de 2012

He was my brother



Anoche me contaron en el Boricua que en la Ponce de León, cerca de la Tertulia, había una tiendita de artículos usados que tenía una gran sección de LP's para la venta. Cuando me desperté esta mañana, desayuné con el Paco y nos fuimos para allá. Fue casi instantáneo, no estuvimos ni dos minutos buscando entre los discos cuando lo encontré: Wednesday Morning, 3AM de Simon and Garfunkel. Seguramente el mejor disco del dúo de folk norteamericano.

Hace casi exactamente un año al Paco le robaron el carro y con él, mis discos de Simon y Garfunkel que le había dejado cuando me fui a vivir un semestre en Galicia. Se los dejé para que cuando estuviese guiando, pusiera "Homeward bound" y supiera que pronto regresaría. Hoy encontrar ese disco fue casi como cerrar formalmente ese año difícil del 2011.

Llegué a casa y puse el disco. Le enseñé "He was my brother", una canción que le escribieron a Andrew Goodman, un muchacho de 23 años asesinado por el Ku Klux Klan en 1963. Es una canción terriblemente triste y a la vez hermosa, parecería que Art y Paul la cantan con dolor en el pecho y con la rabia mostrándose en los dientes.

Hoy escuché el programa "Fuego Cruzado" en Radio Isla 1320, en el que un ex agente de la CIA contaba los últimos momentos de la vida del Che, que murió cuatro años después que Andrew Goodman. Sin cuestionamiento alguno, los panelistas escucharon cómo le amarraron las manos y los pies, le quitaron la cartera y brindaron con scotch su captura y el fin de la guerrilla boliviana. Lo apagué.

"And he died so his brothers could be free."

viernes, 13 de enero de 2012

Love Me




Por años me había sentado frente al piano y tocaba una sucesión de bemoles porque me sonaba a una melodía familiar que no podía identificar. En el grupo de discos que mi madre rescató de la vieja cobacha apolillada de la casa en la Calle Duque de Guayama, había uno titulado "Elvis' Golden Records", con fecha de 1958.

Según ella me cuenta, cuando mis abuelos se mudaron a Carolina del Norte debido al servicio militar de mi abuelo, éste descubrió el rock 'n roll, que todavía no había llegado a Guayama. Compró discos de Elvis Presley, de los Isley Brothers, luego del Tijuana Brass Band y eventualmente llegó a conocer a Johnny Cash.

Limpiando los discos, encontré el de Elvis Presley y recordé que cuando yo tenía la edad de mi madre cuando vivieron en Carolina del Norte, teníamos en casa la misma grabación pero en cassette. Me senté a escucharlo y para mi sorpresa, ahí estaba la melodía en bemoles que nunca había podido identificar. Todos estos años había tenido a Elvis tarareando "Love me" en mi cabeza.

lunes, 9 de enero de 2012

¡Acángana!

Una explosión ha ocurrido en el mercado de
discos a pesar de todos los tratados habi-
dos y por haber acerca de las explosiones.
Y esta ha sido detectada por el "sismógra-
fo" de los "Hits Parades" del Mercado La-
tino de Nueva York, de Puerto Rico, de Santo
Domingo etc. Al escucharse un sonoro
"ACÁNGANA..."


 


En la parte de atrás del famoso disco "Acángana" del Gran Combo está esta descripción de sí mismo y otra del grupo de Rafaelito Ithier. "Es el Gran Combo, la gran organización musical de Puerto Rico [...]". Todos conocemos las canciones de este disco, pero con los iPods y el You Tube nunca nos enteramos cuán cierto es aquello de que este disco es explosivo. Su primera canción es la que nombra el vinilo, seguido por "Mima" que según cuentan todavía es bailado todos los jueves en alguna barra de Río Piedras.

El LP estuvo guardado entre polillas en casa de mi abuelo, quien para que ninguno de sus hijos se lo robara le escribió en bolígrafo azul su apellido "Pacheco" entre el muñequito de Roberto Rohena y el del Pellín Rodríguez. Pellín hace la primera voz en la noctámbula "A mi manera" y es acompañado por Andy, que brinca molestosamente en la mejor parte de la canción. Aquella que intercala las dos voces cuando declara "Yo (en la vida engaño a nadie) porque soy sincero...".

Dicen que la distribución del disco (¡de Producciones Gema de Alta Fidelidad!) tuvo que ser retrasada unos días por el asesinato de John F. Kennedy en 1963. Esperaron a que fuese enterrado y que el país entero le guardara luto en preparación para lo que vino después: todo un pueblo bailando el  "Acángana" hasta el día de hoy.



domingo, 8 de enero de 2012

Mi niñez



Debajo de la cama había una caja grande forrada de papel de regalo. De primera ni se me ocurrió que era mía, pero después vi que Melchor (o Gaspar, o quién sabe si Baltazar) había sido lo suficientemente amable como para especificar que era para mí. Con un poco de desconfianza, comencé a tirar de la envoltura hasta revelar lo que estaba debajo: un toca discos.

En cuanto pude, lo monté. Primero el cable al enchufe, luego la conexión con la computadora, luego la computadora a las bocinas. El disco escogido: Fiesta de Joan Manuel Serrat, por aquello de estrenar finalmente ese LP que compré en una feria de antigüedades hace 3 años en Plaza las Américas. Las bocinas no sonaron, pero algo me llamó la atención: un sonido como de caja de música, bajito, casi inaudible. "Es la aguja", dice mi madre y yo me quedé anonadada. Claro, yo nací en la era de transición entre los cassettes y los CDs. Se me hacía inconcebible que la música se pudiera reproducir mecánicamente. Que una agujita sobre un disco de pasta pudiera tener sonido. Sin ningún tipo de láser. Absolutamente maravilloso.

Revisé las conexiones y de repente la música se escuchó por las bocinas. Un sonido imperfectamente perfecto, con brincos en cada ínfima molécula de polvo. Mi madre y yo comenzamos a bailar en la sala de mi casa, llorando de la emoción de poder estar escuchando 37 años en el pasado. Sonó "Mi niñez" con su hermosa estática y sus ocasionales fallos. Entonces aprendí que los discos se podían lavar para que sonaran bien. Agua tibia, un pañito con jabón suave y tenderlos a secar. Luego un algodoncito a favor de las manecillas del reloj con un poco de alcohol y ponerlo a secar. Casi como estarle dando cariñito a esas canciones que hace 30 años no sonaban en mi casa. Casi como una conversación íntima entre el disco y yo.

Como unos maniacos, nos envolvimos todos: mi madre, mi padre, mi hermano y yo en este proceso de redescubrir los discos olvidados de mi casa. Nos explicaron los trucos: que para evitar que brincara se le ponía una piedrita encima a la aguja, que si en algún sitio estaba guayado poco a poco se podía ejercer presión para que se abriera de nuevo el canal de sonido...

En este blog estaremos compartiendo estos descubrimientos. Algunos son grabaciones que no se consiguen ya por medios digitales y tan fácilmente desechables. Otras son grabaciones conocidas pero que por motivos de nostalgia o de capricho, quién sabe, serán incluídos con una pequeña muestra de cómo sonaban antes de la era del mp3 o de la música en las nubes, como me dijeron una vez haciendo alusión a la inmaterialidad de los medios de reproducción actuales. Como los libros, a medida que pasa el tiempo, se reproducen los discos más populares o importantes, y poco a poco se van perdiendo otros.