domingo, 8 de enero de 2012
Mi niñez
Debajo de la cama había una caja grande forrada de papel de regalo. De primera ni se me ocurrió que era mía, pero después vi que Melchor (o Gaspar, o quién sabe si Baltazar) había sido lo suficientemente amable como para especificar que era para mí. Con un poco de desconfianza, comencé a tirar de la envoltura hasta revelar lo que estaba debajo: un toca discos.
En cuanto pude, lo monté. Primero el cable al enchufe, luego la conexión con la computadora, luego la computadora a las bocinas. El disco escogido: Fiesta de Joan Manuel Serrat, por aquello de estrenar finalmente ese LP que compré en una feria de antigüedades hace 3 años en Plaza las Américas. Las bocinas no sonaron, pero algo me llamó la atención: un sonido como de caja de música, bajito, casi inaudible. "Es la aguja", dice mi madre y yo me quedé anonadada. Claro, yo nací en la era de transición entre los cassettes y los CDs. Se me hacía inconcebible que la música se pudiera reproducir mecánicamente. Que una agujita sobre un disco de pasta pudiera tener sonido. Sin ningún tipo de láser. Absolutamente maravilloso.
Revisé las conexiones y de repente la música se escuchó por las bocinas. Un sonido imperfectamente perfecto, con brincos en cada ínfima molécula de polvo. Mi madre y yo comenzamos a bailar en la sala de mi casa, llorando de la emoción de poder estar escuchando 37 años en el pasado. Sonó "Mi niñez" con su hermosa estática y sus ocasionales fallos. Entonces aprendí que los discos se podían lavar para que sonaran bien. Agua tibia, un pañito con jabón suave y tenderlos a secar. Luego un algodoncito a favor de las manecillas del reloj con un poco de alcohol y ponerlo a secar. Casi como estarle dando cariñito a esas canciones que hace 30 años no sonaban en mi casa. Casi como una conversación íntima entre el disco y yo.
Como unos maniacos, nos envolvimos todos: mi madre, mi padre, mi hermano y yo en este proceso de redescubrir los discos olvidados de mi casa. Nos explicaron los trucos: que para evitar que brincara se le ponía una piedrita encima a la aguja, que si en algún sitio estaba guayado poco a poco se podía ejercer presión para que se abriera de nuevo el canal de sonido...
En este blog estaremos compartiendo estos descubrimientos. Algunos son grabaciones que no se consiguen ya por medios digitales y tan fácilmente desechables. Otras son grabaciones conocidas pero que por motivos de nostalgia o de capricho, quién sabe, serán incluídos con una pequeña muestra de cómo sonaban antes de la era del mp3 o de la música en las nubes, como me dijeron una vez haciendo alusión a la inmaterialidad de los medios de reproducción actuales. Como los libros, a medida que pasa el tiempo, se reproducen los discos más populares o importantes, y poco a poco se van perdiendo otros.
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A mi me impresiono mucho el sonido del tocadiscos cambien. !Me gusta el bolg!
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